¿Sabes que puedes reforzar tu sistema inmunitario en épocas de alergias?

alergias

Si has llegado hasta aquí, es porque, igual que yo, sufres de alergias o conoces a alguien que vive entre estornudos, picor de ojos y pañuelos.

Yo tengo 30 años y llevo toda mi vida lidiando con alergias. Y no te hablo de una alergia tonta: soy alérgica a los gatos, a los ácaros, al polen… ¡y, por si fuera poco, vivo con cinco gatos! Sí, has leído bien. Cinco bolas de pelo adorables que me hacen la vida mejor… y más estornudada. ¿Contradictorio? Puede ser. Pero la vida también es eso: adaptarse.

Hoy quiero contarte cómo he aprendido a cuidar mi sistema inmunitario, sobre todo ahora que las alergias están peor que nunca. Y es que no, no es tu imaginación: las alergias están en aumento, y el cambio climático tiene muchísimo que ver en esto.

 

¿Qué tiene que ver el cambio climático con mis estornudos?

Te cuento: antes, yo pensaba que las alergias simplemente eran cosa mía, de mi genética, de mis defensas medio locas… Pero investigando, hablando con médicos y leyendo, he descubierto que el planeta también tiene su parte de culpa.

Resulta que, con el aumento del dióxido de carbono (sí, ese CO₂ del que hablan todo el rato en las noticias), las plantas que producen polen crecen como si no hubiera un mañana. No solo hay más polen, sino que también es más fuerte y más irritante. Para los que somos alérgicos, esto es como si nos pusieran a prueba todos los días.

Además, como el clima se está volviendo más cálido, las plantas empiezan a liberar polen mucho antes de lo normal. Antes, el polen aparecía en primavera y se iba en verano, pero ahora parece que no se va nunca. ¡Tenemos temporada de polen todo el año!

Y eso no es todo: los cambios extremos en el clima, como las tormentas eléctricas, también afectan. Cuando llueve fuerte o hay tormentas en plena época de polen, los granos de polen se rompen en pedacitos tan diminutos que entran más fácil en nuestros pulmones. Eso puede hacer que los síntomas de alergia se pongan mucho peor, y en casos más serios, puede provocar crisis asmáticas.

Yo misma lo he notado. Días de tormenta = día de mascarilla, ventanitas cerradas y antihistamínicos a tope. Y no, no estoy exagerando.

 

Más problemas por culpa del clima

También he aprendido que el cambio climático favorece que se formen más hongos y mohos, sobre todo cuando llueve mucho o hay inundaciones. Estos hongos también pueden desencadenar alergias y empeorar el asma. Y ojo, porque los incendios forestales, que cada año son más frecuentes, sueltan al aire toneladas de partículas que irritan los bronquios. Otra fiesta para los alérgicos.

A veces pienso que el aire limpio debería ser considerado un lujo hoy en día.

Y no podemos olvidarnos de la contaminación. El aire contaminado no solo hace que nuestras vías respiratorias sufran más, sino que cambia la composición del polen, haciéndolo más agresivo. Imagínate: ya tienes el polen normal, pero la polución lo muta en una versión “modo ataque”. Nuestro sistema inmunitario, claro, se vuelve loco.

Todo esto que te cuento no es una suposición. Hay un montón de estudios que han demostrado que los alérgicos estamos viendo cómo nuestros síntomas empeoran con el paso de los años, y que es algo que tiene mucho que ver con el medio ambiente.

 

Podemos ayudar a nuestro sistema inmunitario

No podemos controlar el clima (ojalá), pero sí podemos reforzar nuestras defensas para llevarlo lo mejor posible.

Una de las cosas que he aprendido investigando (y gracias a las explicaciones de los profesionales de Probactis, todo hay que decirlo, que venden una amplia gama de probióticos y enzimas que contribuye al equilibrio de las distintas microbiotas del cuerpo), aprendí que el sistema inmunitario necesita cuidados constantes, igual que tu piel o tus músculos.

No basta con tomar una pastilla cuando ya estás hecho polvo. Hay que preparar el cuerpo de antemano, sobre todo si sabes que en primavera, en otoño o incluso en pleno invierno, tus alergias se disparan.

 

Cosas que, además de esto, nos ayudan día a día

Yo, además de seguir mi tratamiento médico (vacunas incluidas), he empezado a poner en práctica varias cosas que me han ayudado mucho:

  • Dormir bien: Si duermo mal, mi sistema inmunitario se resiente y las alergias empeoran. El descanso es como el cargador del móvil: si no cargas, te apagas.
  • Comer equilibrado: No, no hace falta hacerse vegano ni comer quinoa si no quieres, pero sí conviene incluir frutas, verduras, alimentos ricos en omega-3… Todo lo que ayude a bajar la inflamación en el cuerpo.
  • Hacer ejercicio: El movimiento ayuda a fortalecer el sistema respiratorio. No hace falta que te apuntes a un triatlón: caminar 30 minutos al día ya hace mucho.
  • Reducir el estrés: Este punto fue difícil para mí. Soy una persona nerviosa. Pero el estrés debilita las defensas, así que intento hacer respiraciones profundas, meditar unos minutos o simplemente desconectar del móvil.
  • Tomar suplementos específicos: Y aquí te hablo de uno que me ha venido genial: Probactis Rinopas. Ayuda a reforzar el sistema inmunitario justo en épocas donde más lo necesitamos, como en plena temporada de alergias. Es un apoyo extra que se nota, porque mejora la respuesta del cuerpo frente a todos esos alérgenos que nos rodean.

 

¿Sabías que tu intestino también influye en tus alergias?

Esto lo descubrí hace poco y me voló la cabeza: resulta que la salud de nuestros intestinos tiene un impacto directo en cómo reacciona nuestro sistema inmunitario frente a los alérgenos.

Te lo explico fácil: en nuestro intestino vive una cantidad enorme de bacterias buenas (la microbiota intestinal) que ayudan a que nuestro sistema de defensas funcione de manera equilibrada. Si esa microbiota está desequilibrada —por estrés, mala alimentación, antibióticos o incluso por no dormir bien— nuestro cuerpo empieza a reaccionar de forma exagerada a cosas que, en teoría, no deberían molestarnos tanto, como el polen o los ácaros.

Por eso ahora le doy mucha más importancia a cuidar mi digestión: tomo probióticos específicos (como los de Probactis), como más fibra, evito alimentos ultraprocesados y bebo mucha agua. ¡Y vaya si se nota! No solo me siento con más energía, sino que mis brotes de alergia han bajado de intensidad. El intestino es mucho más importante de lo que pensamos.

 

Vivir con alergias no tiene que ser un drama

Durante mucho tiempo, me sentí un poco “defectuosa” por tener alergias a casi todo. Pero con el tiempo entendí que no soy débil, simplemente mi cuerpo reacciona de forma distinta. Y vivir con gatos, siendo alérgica a ellos, es la prueba de que se puede hacer una vida plena y feliz aunque tengas alergias.

Eso sí: hay que ser constante. No basta con ponerse una mascarilla cuando ya estás moqueando. Hay que cuidar el sistema inmunitario todo el año, mantener la casa limpia, usar purificadores de aire si puedes, lavar la ropa de cama con frecuencia… Y, sobre todo, tomarte en serio tu bienestar.

Una cosa que me ayuda mucho es recordar que, aunque el cambio climático esté empeorando las cosas, todavía tenemos herramientas para protegernos. No podemos esperar que el mundo cambie de la noche a la mañana, pero sí podemos cambiar nuestra manera de enfrentarlo.

Además, hablar de alergias de forma abierta me ha ayudado a sentirme mejor. Antes me daba vergüenza reconocer que no podía ir a ciertos lugares por culpa del polen, o que necesitaba llevar mis pastillas a todos lados. Ahora lo digo sin problema. Es parte de quien soy.

 

Pequeños cambios que ayudan

Aquí te dejo algunas cositas que yo hago y que me facilitan la vida:

  • Cierro las ventanas en días de alta concentración de polen (aunque me duela no ventilar).
  • Me ducho y cambio de ropa al llegar a casa si he estado en la calle mucho tiempo.
  • Mantengo a mis gatos limpios (¡con toallitas especiales!) para reducir el alérgeno en casa.
  • Uso mascarilla si tengo que hacer limpieza intensa (levantar polvo no es mi hobby, pero si hay que hacerlo, mejor protegida).
  • Me informo sobre los niveles de polen cada día, igual que miro el tiempo.

Parece una lista interminable, pero cuando lo integras en tu vida diaria, sale casi automático. Y, créeme, los resultados se notan.

 

El cambio climático nos afecta a todos

Para ir terminando (aunque podría seguir horas, de verdad), quiero dejar claro algo: el cambio climático no es solo un problema de osos polares. Nos afecta en el día a día, en la calidad del aire que respiramos, en las plantas que crecen cerca de nuestras casas, en las alergias que sufrimos.

No podemos seguir pensando que es algo lejano o que “no va conmigo”. Cada vez somos más los que notamos sus efectos en nuestra salud. Así que cuidarnos, y cuidar el planeta, tiene que ser una prioridad.

Si tú también eres de los que estornudan más ahora que hace unos años, no estás loco. Es real. Pero no estás solo. Hay formas de mejorar nuestra calidad de vida, y reforzar nuestro sistema inmunitario es uno de los primeros pasos.

Yo he aprendido que la prevención es mi mejor amiga. Y también he aprendido a no enfadarme con mis alergias: son parte de mí, igual que mis cinco gatos.

Prefiero abrazar lo que soy, estornudos incluidos, y buscar siempre el lado bueno de las cosas.

Así que si tú también estás en esta lucha, ¡ánimo!

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