Menuda lección nos da el planeta, ¿apostamos por los vehículos eléctricos?

Menuda lección nos da el planeta, ¿apostamos por los vehículos eléctricos?

El aire está más limpio, los animales están empezando a adentrarse en las ciudades ¿habéis visto las imágenes de los delfines nadando en los canales de Venecia? Nosotros sí lo hemos visto, y es maravilloso. El Covid19 ha sido una desgracia para el ser humano, una pandemia mundial que ha asolado prácticamente todos los países, una crisis sanitaria que deja a la vista lo frágiles que somos y lo potente que puede llegar a ser la naturaleza porque, no lo olvidemos, lo que está pasando es natural.

¿Y por qué decimos todo esto? Porque mientras que el ser humano está viviendo una especie de “genocidio” en el que el malo es un virus, el planeta está respirando, se está curando y aunque no será suficiente para recomponerse por completo, sí nos está dando una buena lección. ¿Seremos capaces, cuando todo esto acabe, de concienciarnos de lo que necesita el planeta? ¿Seremos capaces de empezar a trabajar junto a él y no en su contra?

Son muchas las industrias que deben modificar su modo de trabajo, incluso sus productos, pero nosotros tenemos el ojo puesto en la automoción. De todos es sabido que los motores de coches, motos, autobuses, camiones y demás vehículos emiten un nivel de CO2 alarmante y aunque un solo coche no puede hacer mucho, si todo nuestro parking cambiase la mejora del aire sería notoria. De hecho, ciudades como Madrid, con la almendra central, o Barcelona ya nos lo han demostrado. Y por supuesto otras como Ámsterdam, donde la bicicleta es uno de los medios de transporte más usados y donde el nivel de CO2 es muy inferior al de otras ciudades europeas.

Empecemos a ponerlo en marcha

Ahora bien, ¿por qué entonces no lo ponemos en marcha ya? Pues básicamente porque ni tenemos las infraestructuras ni los medios.

Por ejemplo, lo primero que habría que hacer es conseguir que la mayor parte de la energía producida en nuestro país provenga de energías renovables ya que si cambiamos los motores de nuestros vehículos pero luego la carga de esos motores se sigue haciendo con la electricidad tradicional y contaminante, poco íbamos a conseguir.

Pero eso no es todo porque luego hay que garantizar que cada usuario tenga acceso a un punto de recarga cercano a su vivienda y, por supuesto, que si sale de viaje pueda tener también acceso a puntos de recarga repartidos por todo el país, incluso por todos los países, para que pueda moverse sin dificultad. Esto, como imagináis, es ahora inviable. Pero lo más triste es que tal y como están las cosas, y tal y como se van a poner económicamente tras el coronavirus, esto va a ser aún más complicado.

Esta crisis está dejando bien claro en lo que no podemos hacer recortes: sanidad, agricultura, educación y medioambiente. Pero, lógicamente, la prioridad no va a ser el medioambiente, ni hoy, ni nunca al paso que vamos.

Una alternativa que da algo de esperanza son las baterías que usan las motos de Scoomart, una tienda de motos eléctricas cuya batería es totalmente extraíble. De hecho, funcionan como un maletín que podemos sacar de la moto para subir a nuestra vivienda, cargar en un enchufe común durante la noche, y volverla a instalar en la moto con tan solo un click para tener carga con el fin de circular durante todo el día. El problema es que este tipo de batería aún no tiene la potencia suficiente como para dar vida al motor de un coche, y de ahí la necesidad de seguir investigando en cómo conseguirlo.

La realidad

Todo esto nos deja una realidad con una vista hacia un futuro un poco difuso. Por un lado, el comportamiento del planeta durante esta crisis nos está demostrando lo que tenemos que hacer para ayudarle a sanar pero, por otro, esta misma crisis nos va a dejar una situación compleja en la que, por desgracia, los automóviles ECO no van a ser una prioridad.

La prioridad serán las familias, la economía mundial, las ayudas a agricultura, la mejora de la sanidad pública y el mantenimiento de la misma y el medioambiente quedará en un segundo plano, al menos durante muchos meses, aún no sabemos cuántos.